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Edición#2 Lunes, 2 Julio, 2007
Indice
Saludos amigo lector: Soy Raúl Guará, fundador y director de este boletín. En esta serie, su segunda publicación, después de una primera tirada, la cual estuvo a prueba, y debido a su sorprendente éxito, nos vimos obligados a perfeccionar este proyecto para seguir complaciéndolos a ustedes que son nuestro gran objetivo. El boletín “Asere” es para promover la riqueza de la música cubana que no está acostumbrada a escucharse. Es nuestro deseo hacerles llegar sus términos de todos tipos. Espero les agrade nuestro proyecto y a la vez le decimos, que cualquier queja o sugerencia puede dirigirse a nuestra dirección electrónica: rgtropicalswing00@yahoo.com, donde lo atenderemos con mucho gusto. Que lo disfrute Raúl Guará
Artículos De América a EuropaLa música es, junto a la danza, la más antigua de las artes, aun cuando en sus estadios primigenios lo estético no fuera una dimensión al centro del hecho musical, sino una resultante de los diseños tímbricos, rítmicos y melódicos creados para cumplir una función mágico-religiosa.En la historia de la música ha ocurrido una diversificación de las funciones, a partir de la complejidad de la vida social, de la propia organización de la sociedad y las relaciones de los sujetos culturales con el poder. Un fenómeno tan polémico como el negocio de la música comenzó a perfilarse en Europa y en Estados Unidos a mediados del siglo diecinueve. Fue semilla para la evolución, a través del siglo veinte, de una rama fundamental de la industria del entretenimiento, y por extensión de la industria cultural. Decimos que es un fenómeno polémico por la variación de sus proyecciones y de sus saldos culturales según épocas y países, incluso en un mismo país. Digamos que en espacios del negocio de la música, en la Nueva Orleans de finales del siglo diecinueve, se socializaron, integradas, las sonoridades que serían identificadas como jazz, una de las más auténticas expresiones de la cultura popular estadounidense, en especial de la población afro-descendiente. Así de auténticas también, dos expresiones cubanas como el son y la rumba han vivido de manera muy diferente sus respectivas historias. La rumba todavía, en el siglo veintiuno, no ha alcanzado la amplia aceptación social disfrutada por el son, entre otras cosas razones por no ser favorecida por el negocio de la música y la industria cultural. Sin desertar manipulaciones estáticas, culturales y sociales, géneros americanos de alta significación identitaria deben mucho en su desarrollo al negocio de la música, como el tango, la ranchera, el calipso, el merengue, la samba, la bossa-nova, el reggae, el bolero, el blues. Y es que la historia cultural se entrelaza con la historia social, informadas a su vez de todos los signos de la historia política. Sobre la música en las identidades de América hablaremos en A PROPÓSITO. Eduardo Djata Dielé
Algunas percepciones de la historia ![]() Abakuá Allá en la península Ibérica, en Zaragoza, se encontró José Martí con un amigo abakuá. Para el más sublime de los cubanos, persona abierta a la experiencia de la vida y de la cultura, no había lugar para las discriminaciones, incluidas las religiosas y culturales. Puede imaginar usted cómo serian vistos los ñáñigos, en el siglo diecinueve, dentro de una sociedad colonial, gerenciada por españoles y criollos blancos de las clases altas, una sociedad en la cual se entronizaron escalas de valores entre cuyas categorías paradígmicas del ser individual y colectivo estaban la raza blanca, el clasismo social, la filiación cristiana católica y la cultura letrada, y en general una construcción europocéntrica de la cultura y la sociedad. De esta manera, el sencillo dato de aquella amistad de Martí, reafirma en nosotros la percepción de sus proyecciones humanistas, orgánicamente presentes en su cara literaria y periodística, en su oratoria política, en el accionar revolucionario y la existencia personal. No sé si Martí estuvo al tanto de la contribución abakuá al independentismo, asunto fuera de foco hasta el día de hoy. Claro, se trataba de gente humilde de las clases trabajadoras afrocubanas, muchos de ellos ex esclavos. A pesar de fueros conspirativos en juegos abakuá, y de la propia presencia en la manigua de hombres juramentados en la lealtad y la dignidad, la procedencia social, etnorracial y cultural, parece haber pesado en la invisibilización histórica del tema a través de la etapa republicana, y, sin poderlo comprender, en la actualidad. Digo así porque, no solo durante la república, también en la etapa post-1959, cuando el universo institucional estatal de Cuba se declaró como filosóficamente materialista, y hasta en los años de promulgación del llamado ateismo científico, se reconoció con toda justicia la contribución de la masonería a las tres guerras de independencia, y de ha mencionado algunas veces la positiva relación de masones con las luchas del siglo veinte hasta la rebelión armada en Oriente. Quizás la percepción prejuiciada hacia el abakuá, inducidas por las esferas del poder en la sociedad colonial, reproducida en la república y compartida por muchos cubanos y cubanas de estos tiempos, todavía alcanza a zonas del pensamiento social y político cultural y de la historiografía y las ciencias sociales del país. Finalmente, en enero del pasado 2006, la sociedad Abakuá fue inscrita en el registro nacional de asociaciones del Ministerio de Justicia de la República de Cuba. A PROPÓSITO lo entiende como gesto positivo, como reconocimiento a la contribución abakuá y por extensión carabalí a la cultura cubana, y también un homenaje a aquella contribución: a la independencia y la lucha por la justicia para toda la nación. Sea este un paso hasta percepciones mas justas de la historia, de las realidades actuales, de la nación y de sus formantes humanos y culturales. Eduardo Djata Dielé
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1. Dos antiguos condiscípulos de un conservatorio se ven después de una larga ausencia y uno le pregunta al otro: -¿Por fin te graduaste, y que instrumento tocas? 2. Aquel músico era tan feo, pero tan feo, que en vez de solfear, lo que hacia era afear. 3. Aquel flautista tocaba unas melodías tan, pero tan dulces, que la sala de conciertos se llenaba de hormigas. 4. ¿Qué hacen un viejo de 90 años y un joven en un concierto de salsa? Lily Zaragoza
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Boletín para Promocionar la Riqueza de Nuestra Música
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